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martes, septiembre 30, 2008

Retiro de Crecimiento Carismático en San Luis

Este fue el lema que nos convocó: "Una Palabra tuya bastará para sanarme"...
Desde muy temrano muchos hermanos llegaron hasta el patio cubierto de una escuela de la ciudad de San Luis. Comenzamos con mucha alabanza, alegría y muchas ganas de crecer en la espiritualidad carismática.
A medida que iba pasandoel retiro cada vez más hermanos se sumaba hasta que el salón que do totalmente colmado de fieles. Todos los temas que se predicaron tivieron como eje el Poder de la Palabra de Dios y fue una gran motivación para cada vez más conocer la Biblia, amarla, estudiarla, orar con ella, instruirnos, animarnos y corregirnos con su luz y guía.
También este retiro fue una gran ocasión para crecer en capacidad de escucahr la voz de Dios que sigue hablando. Tuvimos un taller de oración contemplativa, donde aprendimos a hacer silencio, qué hacer frente a las distraciones que nos quieren sacar de la oración, crecimos en la docilidad a la Palabra y al compartir el discernimiento, asi como el don de profecía. Como ven, el crecimeinto fue mucho. Antes de todo esto meditamos sobre qué es la fe, como don y tarea: "La fe, es la Garantía de los bienes que se esperan y la plena certeza de las realidades que no se ven..." (Hb 11, 1). Casi como si fuera un juego, entre cantos y alegría, todos nos fuimos con esa cita prendida en la memoria y en el corazón.
Durante los momentos de alabanza, recordamos algunas eseñanzas que ya habiamos impartido en otros retiros en la misma comunidad. El grito de jubilo que voltea toda muralla...como en Jericó.
Fue una buena ocasión donte tambie´n apredimos a dar nuestros testimonios. Que ya sabemos deben ser: A, B y C... A: Alegres. B: Breves. C: Centrados en Cristo.

Claro que también hubo tiempo cara compartir un rico almuerzo junto al Padre Anibal, Párroco de la Parroquia Inmaculado Corazón de María, que fue quien me invitó a predicar este Retiro de Crecimiento Carismático. gacias a toda la Comunidad Puntana, por su alegría, sencillez y amistad en Cristo.

miércoles, septiembre 24, 2008

¿La Biblia o el celular?

¿Se imaginan qué pasaría si tratáramos a nuestra Biblia de la misma forma en que tratamos a nuestro celular?
¿Y si siempre cargáramos nuestra Biblia en la cartera, en el maletín, en el cinturón o en el bolsillo del traje?
¿Y le diéramos una ojeada varias veces al día?
¿Y nos volviéramos para buscarla cuando nos la olvidamos en casa o en la oficina?
¿Y si la usáramos para enviar mensajes a nuestros amigos?
¿Y si la tratásemos como si no pudiéramos vivir sin ella?
¿Y si la diéramos de regalo a los chicos, para su seguridad, y para estar comunicados con ellos? ¿Y si la lleváramos cuando viajamos, en caso de necesitarla como auxilio y ayuda ?

Al contrario del celular, la Biblia no se queda sin señal jamás:
Nos podemos conectar con ella en cualquier lugar
No precisamos preocuparnos por la falta de crédito, porque Jesús ya pagó la cuenta y los créditos no tienen fin.
Y lo mejor de todo: no se corta la comunicación, y la carga de batería es para toda la vida.

Busca al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo porque está cerca. (Is 55:6)

TELÉFONOS DE EMERGENCIA... Llame YA:

Cuando estés triste, marca Juan 14.

Cuando las personas hablen de ti, marca Salmo 27.

Cuando estés nervioso, marca Salmo 51.

Cuando estés preocupado, marca Mateo 6:19,34.

Cuando estás en peligro, marca Salmo 91.

Cuando Dios parece estar lejos, marca Salmo 63.

Cuando tu fé precisa ser fortalecida, marca Hebreos 11.

Cuando estés solitario y con miedo, marca Salmo 23.

Cuando estés buscando el verdadero amor, marca 1 Corintios: 13.

Para saber el secreto de la felicidad, marca Colonenses 3:12-17.

Cuando te sientas triste y solo, marca Romanos 8:31-39.

Cuando desees paz y descanso, marca Mateo 11:25-30.

Cuando el mundo parece más grande que Dios, marca Salmo 90.

Recibí esta lista de teléfonos de Emergencia y pensé que era buena idea compartirla con todos ustedes...

martes, septiembre 23, 2008

Seminario de Vida. 6º Enseñanza: El Crecimiento Espiritual

Desde que nace hasta que muere, todo hombre está invitado a crecer. Físicamente alcanza su mayor estatura hacia los 18 años, psicológicamente puede alcanzar la madurez algunos años más tarde, intelectualmente sigue aprendiendo hasta muy avanzada edad, y espiritualmente puede progresar siempre hasta que llegue el momento definitivo del encuentro con Dios.
El que no alcanza la madurez en cualquier área de su personalidad, permanece en un grado de subdesarrollo e imperfección.
Si nos concretamos al aspecto espiritual, podemos decir que el crecimiento es un regalo de Dios, pero que el hombre puede colaborar con la acción divina, imitando a Jesús que crecía en estatura, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres (Luc. 2, 52).
Para proponer acciones que pudiesen ayudarnos en nuestro crecimiento interior, podemos seguir pasos parecidos a los que vivimos en nuestro desarrollo:
1. Alimentarse: necesitamos nutrirnos espiritualmente
Leyendo la Palabra revelada, pues no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de los labios de Dios (Luc. 4, 4)
Obedeciendo la ley divina: como Jesús, cuyo alimento era hacer la voluntad de su Padre (Jn. 4, 34)
Comulgando el pan eucarístico, pues quien lo come tiene vida eterna (Jn. 6, 35).
2. Orar: necesitamos hablar con nuestro Padre Celestial
Aprendiendo las plegarias básicas de memoria
Alabando, bendiciendo, agradeciendo, suplicando o intercediendo con palabras propias o en silencio o cantando, en particular o en grupos (Ef. 5, 19)
Participando en la oración litúrgica de la Iglesia
Haciendo de la vida una oración continua (Col. 4, 2).
3. Cuidar la salud espiritual: previniendo o superando todo vicio y todo pecado
Evitando caer en la tentación (Mt. 6, 13)
Arrepintiéndonos del pecado cometido (Mc 1, 15; Hech. 3, 19)
Recurriendo al sacramento de la Reconciliación, o a los sacramentales instituidos por la Iglesia si la culpa no fue mortal
Corrigiendo nuestros defectos y costumbres reñidos con el evangelio.
4. Relacionarse con los demás que son, como nosotros, hijos de Dios, hermanos de Jesús y Templos del Espíritu Santo:
Conociendo a los hermanos en la fe
Insertándose en la comunidad cristiana, en sus asambleas y actividades (Hech. 2, 42)
Orando por los demás y apoyándose en su oración (Ef. 6, 18)
Compartiendo con el prójimo lo que somos, lo que sabemos y lo que tenemos (Hech. 2, 45)
5. Estudiar nuestra fe, siguiendo el consejo de san Pedro: "Creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo" (2 Pe. 3, 18)
Superando el analfabetismo espiritual
Conociendo la Palabra de Dios de manera seria
Leyendo la doctrina de la Iglesia: el Magisterio de los Papas, Obispos y Concilios, los autores espirituales y los teólogos
Haciendo actos de fe, y pidiéndole a Jesús nos la aumente (Luc. 17, 5)
Dando razón de nuestra esperanza a quien nos lo pida (1 Pe. 3, 15)
6. Crecer en el amor
Cumpliendo el primer mandamiento, que es amar a Dios con toda la mente, con toda la voluntad y con todo el corazón (Mt. 22, 37)
Amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos amó hasta el extremo (Mt. 19, 19; Jn. 13, 1)
No reduciéndonos a expresar ese amor con palabras, sino con obras, pues éstas son amores y no las meras razones (1 Jn. 3, 18)
7. Ejercitarse
Imitando a los atletas que se esfuerzan por llegar hasta la meta y conseguir la corona (1 Cor. 9, 24; 2 Tim. 2, 5)
Colaborando con Dios en la construcción de su Reino (1 Cor. 3, 9)
Yendo por todo el mundo, haciendo discípulos y enseñándoles lo que mandó Jesús (Mt. 28, 19)
LA REVELACIÓN DE DIOS
Para profundizar la enseñanza expuesta en los párrafos anteriores, sugerimos la lectura de los siguientes pasajes bíblicos:
1 Cor 3, 1-3: Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche y no alimento sólido, pues todavía no lo podíais soportar. Ni aun lo soportáis al presente; pues todavía sois carnales. Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?
Heb. 5, 12-14: Pues debiendo ser ya maestros en razón del tiempo, volvéis a tener necesidad de ser instruidos en los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y os habéis hecho tales que tenéis necesidad de leche en lugar de manjar sólido. Pues todo el que se nutre de leche desconoce la doctrina de la justicia, porque es niño. En cambio, el manjar sólido es de adultos; de aquellos que, por costumbre, tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal.
Jn. 6, 53-58: Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»
Luc. 11, 1-13: Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, ensénanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.» Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: "Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle", y aquél, desde dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos", os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.» Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
Mc. 7, 18-23: El les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
Hech. 2, 42-47: Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.
Ef. 1, 15-23: Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente; iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos, por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero. = Bajo sus pies sometió todas la cosas = y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia, que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo.
1 Jn. 2, 9-17: Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos. Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado los pecados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno. Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre, Os he escrito, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al Maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Puesto que todo lo que hay en el mundo - la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas - no viene del Padre, sino del mundo. El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre.
1 Cor. 9, 24-27: ¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.
PARA PROFUNDIZAR
Organiza un grupo de reflexión e intercambia opiniones ayudado por estas preguntas:
¿Qué ha significado para ti el grupo de oración?
¿Participas con frecuencia en la eucaristía?
¿Lees a diario la Palabra de Dios?
¿Frecuentas el sacramento de la Reconciliación?
¿Recomiendas alguna lectura que te ha servido en tu progreso espiritual?
¿Qué servicio apostólico has desempeñado?
APLICACIONES PRÁCTICAS
Para crecer en la gracia y el conocimiento del Señor, procura:
Orar diariamente
Acercarte a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía
Leer la Biblia y los principales documentos de la Iglesia
Visitar un hospital o una cárcel
Dar una limosna a los pobres
Participar en un grupo apostólico.

sábado, septiembre 20, 2008

Predicación: "Llevamos un Tesoro en vasijas de barro..." 2 Cor. 4, 7

jueves, septiembre 18, 2008

Seminario de Vida. 5º Enseñanza: El Espíritu Santo

Quién es el Espíritu Santo
Quizá el mejor camino para conocer al Espíritu Santo sea recurrir a los símbolos que usa la Biblia, cuando describe su actuar en el hombre y en la Iglesia.
Los principales símbolos son el viento, el fuego, el agua, el aceite, la paloma y el don. Tados son figuras significativas, pero que no deben hacernos perder de vista que el Espíritu Santo es una Persona tan real, viva y actuante como el Padre y Jesucristo.
El fuego: el Espíritu descendió en lenguas de fuego sobre los apóstoles, en Pentecostés.
El fuego purifica, ilumina y calienta. Eso hace el Espíritu en el hombre: lo limpia del pecado, le revela los misterios de Dios y enciende en los corazones el amor.
El viento: la palabra "espíritu" significa viento, aliento. Tal fue el huracán que sopló en Pentecostés, o el aliento de vida que exhaló Jesús sobre sus discípulos. Al llenarse del Espíritu Santo, los creyentes pueden respirar la vida del Señor, tener sus sentimientos, amar y pensar como Jesús.
El agua: Jesús invitó a beber del agua viva a cuantos estuviesen sedientos. Todos podemos beber de un mismo Espíritu y ser bautizados en Él. Como si fuésemos peces, requerimos movernos en sus ondas para vivir.
El aceite: de acuerdo a las costumbres de los hebreos, a los sacerdotes, profetas y reyes se les ungía con óleo. Cristo y los cristianos quedamos ungidos por el Espíritu Santo, y embalsamados como si lo fuéramos por un perfume. Ese es el aceite que alimenta la lámpara de nuestra vida y hace que brille con buenas obras.
La paloma: este símbolo puede referirse a diversos acontecimientos bíblicos como la creación o el diluvio o a pasajes de los salmos o del Cantar de los Cantares. También puede ser un símbolo del pueblo de Israel, de la Iglesia, manifestada por el Espíritu Santo.
El don: el Espíritu Santo, prometido por el Padre y por Jesús, fue derramado sobre la Iglesia tras la ascensión del Señor a los cielos. Ese regalo de Dios es el mejor presente que podemos pedir y recibir.

Qué hace el Espíritu Santo
El Espíritu Santo nos relaciona con Dios Padre, cuyos misterios nos revela y de quien nos hace hijos. El Espíritu nos ayuda a orar, dándonos motivo para nuestra alabanza y supliendo nuestras imperfectas plegarias. Él nos da a conocer la voz de Dios y nos manifiesta sus designios, al hablar por medio de los profetas.El Espíritu Santo nos permite creer en Jesucristo, nos recuerda cuanto enseñó Jesús, y así nos lleva a la verdad completa.
El nos da fuerza para dar testimonio de Jesús y nos transforma en imágenes vivas del Señor.El Espíritu Santo nos reúne a los creyentes y forma la Iglesia, la une, la santifica, la hace católica y apostólica.
Él da vida por medio de los sacramentos, derrama sus dones y carismas y los usa para la construcción del Reino de Dios en la tierra.Esos carismas son muy numerosos. Ahora se los estudia, se los busca y se procura que se afirmen para el servicio de toda la comunidad.
El Espíritu Santo nos hace crecer en el Amor. Donde hay un acto auténtico de amor, está obrando el Espíritu de Dios. Él es el amor que se derrama en nuestros corazones (Romanos 5, 5)
El Espíritu de Dios es el que posibilita "la comunión de los santos", es el que, siendo Señor y Dador de Vida, resucitará a los muertos, y el que a todos nos concederá la vida eterna. Él, a quien se le llama también "la Gloria", es quien brilla en nosotros con resplandor que crece de día en día (cfr. 2 Corintios 3, 18).

Cómo pedir el Espíritu Santo
Cada cristiano debe suplicar el don del Espíritu Santo. La plegaria de cada uno debe reforzarse con la oración de todo el grupo. Todos deben rogar al Señor que avive el fuego en la Iglesia. Todos pueden decir: "Bautízame, Señor, con ese bautismo de Espíritu Santo y fuego, de que hablaba tu Precursor. Es decir, destruye en mí todo pecado y abrásame en el fuego de tu amor". Así oraba san Juan Eudes, y san Buenaventura decía: "Nadie será lleno de ese fuego, si no reza y pide y llama, con pertinaz y urgente anhelo de esperanza".Por eso, comprométete ahora en orar a Dios para que te dé su Espíritu, haz esa plegaria con sencillez, insistencia y fervor, apóyate en la oración de los demás. Recuerda que cuando varios se unen y piden en el nombre de Jesús, Él concede lo que se le suplica.

LA REVELACIÓN DE DIOS
Insinuamos la lectura de los siguientes pasajes de la Biblia. Su enseñanza permitirá una mejor comprensión del ser y del actuar del Espíritu Divino:
Juan 7, 37-39. "El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí", como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo deciá refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.
"Gálatas 5, 19-23 : "Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley."

También recomendamos leer los siguientes textos:
Ezequiel 37, 1-14
Lucas 11, 5-13
Juan 14, 16-17.26; 15, 26-27; 16, 7-15
Hechos 2, 1-14
Romanos 8, 1-27
1 Corintios 12, 3-13

PARA PROFUNDIZAR
Organiza un grupo y conversa con sus integrantes, ayudándote de estas preguntas:
¿Qué sabes tú del Espíritu Santo?
¿Cómo has vivido la vigilia y la fiesta de Pentecostés?
¿Qué piensas de los carismas?
Intercambia ideas sobre la imposición de manos.

APLICACIONES PRÁCTICAS
Aleja de ti la duda y prepárate para renovar la presencia del Espíritu Santo en ti. Vive el sacramento de la Reconciliación. Acepta a Jesús como Salvador y como Señor de tu vida y pídele te dé su Espíritu. Pide que te impongan las manos mientras invitas al Espíritu de Dios a tu vida.

Todos los temas del Seminario de Vida han sido tomados de: http://www.minutodedios.org/ a quien agradecemos.

martes, septiembre 09, 2008

Seminario de Vida. 4º Tema: La Nueva Vida en Cristo

Renacer De Lo Alto
Una noche Jesús recibió la visita de un fariseo importante, llamado Nicodemo, a quien le explicó que si alguien quería ver el Reino de Dios, debería "nacer de nuevo". El fariseo, tomando literalmente las palabras del Señor, inquirió si para ello se necesitaba retornar al seno materno, a lo que respondió Jesús que se trataba de un nacer del agua y del Espíritu (Jn. 3, 1-8).
La expresión usada por Jesucristo se puede traducir al castellano de dos modos: nacer de nuevo o nacer de lo alto. Nicodemo la entendió del primer modo; Jesús le daba énfasis al segundo sentido. Ambos sentidos se complementan: para ver el Reino de Dios es preciso abrirse a un mundo nuevo y esto no se logra sino por gracia del Espíritu Santo.

Hay otras expresiones bíblicas que aluden a la misma experiencia espiritual:
Despojarse de un vestido viejo, harapiento, y revestirse de una vestidura nueva
Cambiar el corazón duro y cerrado a Dios por un corazón abierto al amor
Resucitar y, de huesos secos, ver cómo surge un pueblo vivo
Rejuvenecerse, de modo que las cosas viejas queden atrás (2 Cor. 5, 17)
Renovarse de día en día
Esas expresiones aluden a un cambio radical en la existencia. Los hombres y mujeres nuevos, que están en Cristo Jesús, renuncian al pecado y a la lejanía de Dios y entran en una relación con el Creador.
Familiares de Dios
La Vida Nueva que Dios nos ofrece implica cambios radicales:
El hombre renace por obra del Espíritu Santo. Éste hace su morada en el espíritu humano, lo transforma, lo ilumina y lo guía en su caminar hacia Dios
El Espíritu Santo revela a Jesús como nuestro Salvador, nuestro hermano y nuestro Señor, y permite que creamos en Él, que hablemos de Él, que lo amemos y que nos transformemos en Él.
Si Jesús es nuestro hermano, nosotros somos hijos del Padre Celestial. El Espíritu nos hace descubrir a Dios como Padre (Rom. 8, 15; Gál. 4, 6-7) y nos permite conocer su misterio de amor (1 Cor. 2, 8-11)
Siendo todos los humanos hijos de Dios, somos hermanos los unos de los otros. Allí está la base del amor que debemos tener por el prójimo
Todas las cosas se ven iluminadas por la luz del Espíritu. El hombre renovado descubre en la creación la huella de Dios, acepta nuevos criterios para su actuar, rechaza el pecado y las obras de la carne y obedece la ley del amor y de la libertad
El Espíritu Santo enriquece a los hombres con dones espirituales, o carismas, y los llama a que sirvan a los demás y de manera especial a sus hermanos en la fe
El hombre que ha nacido de nuevo por obra del Espíritu Santo, se llena de gozo y siente la necesidad de compartir con los demás su alegría. Ansía que su prójimo participe de la misma gracia que él ha experimentado y, en consecuencia, comunica a los otros las maravillas que Dios ha obrado en él. Siente urgencia en hablar de Jesucristo y da testimonio de cuanto le ha acaecido. El hombre se convierte libremente en colaborador de Dios.
LA REVELACION DE DIOS
Recomendamos leer los siguientes pasajes bíblicos, que ayudarán a interiorizar el tema expuesto:
Nacer del Agua y del Espíritu (Juan 3, 1-8) : Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: "Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.". Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.". Dícele Nicodemo: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?". Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu."
Los Huesos y el Espíritu (Ezequiel 37, 1-14): La mano de Yahveh fue sobre mí y, por su espíritu, Yahveh me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. Me dijo: "Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?" Yo dije: "Señor Yahveh, tú lo sabes.".Entonces me dijo: "Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.".Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos.El me dijo: "Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.". Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército. Entonces me dijo: "Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que yo soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo hago, oráculo de Yahveh."
Un Corazón Nuevo (Ezequiel 11, 19-21): "yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios. En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh."(18,31) Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?(36, 25) Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.
Nueva Vida en Cristo (Colosenses 3, 1-17): Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él. Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría, todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes, y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas. Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento pefecto, según la imagen de su Creador, donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos. Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección.Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre.
Conducta Ejemplar (Tito 3, 3-7 ): Pues también nosotros fuimos en algún tiempo insensatos, desobedientes, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros. Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna.
La vocación de Pablo (Gálatas 1, 13-24): Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres. Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor. Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento. Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia; pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo. Solamente habían oído decir: "El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir". Y glorificaban a Dios a causa de mí.
PARA PROFUNDIZAR
Como reflexión, toma los textos bíblicos anteriores y ayúdate con estas preguntas:
¿En qué aspectos de tu vida has deseado cambiar y qué has hecho para lograrlo?
¿Recuerdas a alguien que haya experimentado un cambio serio en su existencia?
¿Conoces cómo cambiaron Saulo, Agustín de Hipona y muchos más que han llenado las páginas de la historia?
¿Valdrá la pena transformar tu vida actual con la gracia de Dios?
APLICACIONES PRACTICAS
Haz una lista de aquellos aspectos de tu vida que necesitan una transformación.
Órale al Señor pidiéndole que te ayude a cambiar, a despojarte de tus pecados y defectos y a ser una persona nueva.
Invoca a Dios como a tu Padre, a Jesucristo como a tu Hermano y al Espíritu Santo como a quien te transforma y santifica.
Comparte con tus amigos la experiencia que estás viviendo al realizar este Seminario de Vida en el Espíritu.

lunes, septiembre 08, 2008

"Llevamos un tesoro es vasija de barro" (2 Cor. 4, 7) fue el lema sacerdotal que hace cinco años elegí para la ordenación. En oportunidad de festejar el quinto años de ordenación me tocó predicar sobre la misma cita bíblica. Fue ocasión para mucho crecimiento y sanación.
Los hermanos de la comunidad fueron llegando y entre alabanza si iba prepando en ambiente ideal para celebrar el don del sacerdocio.
Aqui, dos fotos: Predicando la Palabra de Dios y otra presidiendo la celebración de la Santa Misa. Una síntesis de la vida y el ministerio del Sacerdote. En estos 5 años, celebré más de 1500 Misas, pero aún asi, sin duda por una gracia particular de Dios, me regaló el poder vivir esta Misa de aniversario, como si fuera la primera vez que presidia. Gracias, Señor, que cada dia pueda celebrar la Misa como si fuera la primera Misa, la última Misa, la única Misa...
Durante esta Misa aniversario, me venían a la mente y al corazón todos los lugares donde pude celebrar la Misa, diferentes lugares, muy diversas situaciones, diferentes asambleas, todo me venía al corazón y lo iba elevando a Dios como una oración de intercesión y acción de Gracias...

lunes, septiembre 01, 2008

Seminario de Vida. Tercer tema: La Conversión a Jesucristo


Convertirse
En los evangelios aparece con frecuencia la palabra "conversión".
Juan Bautista invitaba a sus oyentes a que se convirtieran. Él decía: "Convertíos, porque está cerca el reino de Dios" (Mt. 3, 2). Ese fue también el mensaje inicial de Jesucristo (Mt. 4, 17). Pedro en Jerusalén decía: "Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados" (Hech. 3, 19) y Pablo en Listra proclamaba: "Hemos venido a anunciaros que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo" (Hech. 14, 15).
¿Qué significa "convertirse"? Esa palabra equivale a girar y volverse hacia un lugar indicado. En el sentido espiritual quiere decir dar la espalda al pecado y volverse a Jesucristo, abandonar las tinieblas y acoger la luz. Es pasar del pecado al amor, de la lejanía a la cercanía.
En los ritos bautismales de los primeros siglos, se acostumbraba pedir a los catecúmenos que estuviesen mirando hacia el oeste. Como por esta dirección se oculta el sol, el ocaso se convertía en símbolo de la oscuridad y del pecado. Quien iba a ser bautizado renunciaba al mal, al demonio y a sus seducciones. Entonces se le pedía que se convirtiera a Jesucristo. Él daba media vuelta y quedaba mirando hacia oriente, lugar por donde alumbra el sol. Ese era su cambio: abandonaba el mal y optaba por Jesús.
La conversión compromete integralmente al hombre, en su mente, en su voluntad y en sus obras. Quien se convierte a Jesús debe estar convencido intelectualmente de que el Señor es la verdad, y que no hay ninguna doctrina que logre invalidar el mensaje de salvación. Igualmente debe amar a Jesús con todo su corazón, pues sabe que éste es el tesoro escondido en el campo y la perla preciosa en cuya comparación lo demás es basura (cfr. Mt. 13, 44-46; Fil. 3, 8). También esa conversión debe reflejarse en nuestros actos, pues las obras realizadas demuestran la coherencia entre fe y vida.
Conocerse
Para poder convertirse hay que conocerse. Darse cuenta del estado en que se vive y querer salir de él. Para lograr el conocimiento de nuestra situación espiritual, se requiere la gracia de Dios, que nos permite conocer nuestros pecados y cumplir la invitación de san Pablo: "Levántate, tú que duermes, y te iluminará Jesucristo" (Ef. 5, 14).
Cuando se encuentra con Jesús, Pedro descubre que es un pecador (Luc. 5, 8); cuando comprenden que obraron mal llevando a Jesús ante la muerte, los israelitas sienten dolor en su corazón (Hech. 2, 37-38); cuando Zaqueo acoge en su casa al Señor, decide repartir la mitad de sus bienes a los pobres y resarcir con abundancia a quienes hubiese defraudado (Luc. 19, 8); cuando se cruzan las miradas de Jesús y de Pedro, éste, que acaba de negar a su Maestro, capta la gravedad de su pecado y llora amargamente.
Iluminados por Jesucristo, también nosotros debemos reconocer nuestra situación espiritual: los pecados que nos afean y sonrojan, nuestra superficialidad o vacío interior, nuestra distracción de lo espiritual por preocuparnos de cosas secundarias y materiales; nuestro orgullo, que se satisface en aspectos equivocados; nuestra idolatría, que nos inclina ante las criaturas elevadas a la categoría de ídolos.
El hombre convertido se declara pecador y quiere, con la ayuda de Jesús, salir de ese estado y entrar en un mundo de verdad y de amor.
Adherirse a Jesús
En la Biblia y en la historia de la Iglesia encontramos muchos ejemplos de convertidos. Recordemos a san Pablo (Gál 1, 11-24), o al ladrón que mereció acompañar a Jesús en el paraíso (Luc. 22. 39-43). A Aurelio Agustín, quien llegaría a ser obispo de Hipona a pesar de haber sido un disoluto. Su obra más conocida, Las Confesiones, proclama la bondad de Dios que supera la maldad humana. También nosotros podemos vivir ese proceso, si no anclándonos en nuestro mal, fijamos los ojos en Jesús, lo tomamos de la mano y caminamos con él sin querer nunca alejarnos de su lado.
LA REVELACION DE DIOS
Podríamos citar muchos pasajes bíblicos relacionados con la conversión. Recomendamos leer los siguientes:
Conversión de Zaqueo (Lucas 19, 1-10): "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido."
La mujer adúltera (Juan 8, 1-11): Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?" Ella respondió: "Nadie, Señor." Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más."
Muertos al Pecado, Vivos en Cristo (Romanos 6, 2-14): No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. ... sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida.
Vivir según el Espíritu (Gálatas 5, 16-25): Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.
De la muerte a la vida (Efesios 2, 1-10): Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo ... y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús.
El reino de la luz (Efesios 5, 1-20): Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz.
PARA PROFUNDIZAR
Estas preguntas pueden ayudar tu reflexión:
¿Crees haberte convertido plenamente a Jesús, o aún no lo has hecho?
¿En qué aspectos de tu vida necesitas conversión?
¿Cómo entiendes y cómo vives el sacramento de la Penitencia o Reconciliación?
¿Crees posible no caer más en el pecado, después de haberte convertido?
¿Qué sentido tiene la invitación a convertirse, propagada durante el Jubileo del Año Santo?
APLICACIONES PRACTICAS
Vive el sacramento de la Reconciliación, y para ello
· Haz un examen de conciencia· Arrepiéntete ante el Señor y pídele perdón· Proponte no volver a pecar· Acude a un sacerdote y confiesa tus pecados· Cumple la penitencia que el confesor te imponga· Agradece el perdón recibido y da gracias por él.

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